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Todo lo que me ha aportado el Cross Country – Lola.

19 de diciembre · 0 comentarios

Mis primeras semanas de instituto en Estados Unidos fueron una experiencia increíblemente emocionante y llena de novedades. Cada día era una mezcla de emociones, descubrimientos y sensaciones nuevas. Para mí, todo era extremadamente novedoso: el instituto, los compañeros, la cultura, las actividades… estaba inmersa en un montón de nuevas experiencias que no me dejaban ni un segundo de aburrimiento. Era como estar flotando en una nube, y me sentía muy afortunada por todo lo que estaba viviendo. ¡De hecho, sigo estando en esa nube!

Todo era una aventura: conocer a gente nueva, hacer nuevos amigos, descubrir lugares, ir a la iglesia, probar comidas y adaptarme a un instituto con una vida social mucho más activa que la que había conocido hasta entonces. Me despertaba cada mañana con una sensación de emoción por lo que me esperaba ese día.

Sin embargo, a medida que fueron pasando las semanas, me di cuenta de que las tardes se me hacían cada vez más largas. La novedad comenzó a desvanecerse y, aunque aún disfrutaba de mi entorno, mi ánimo comenzó a decaer. Empecé a echar muchísimo de menos la rutina que tenía en España, especialmente mi tiempo en el club de natación, algo que durante estos últimos años había sido muy importante para mí. Al ver que la temporada de natación no empezaba hasta noviembre, decidí no hacer ningún deporte hasta que empezara, así que el tiempo sin entrenamientos se hizo muy largo. Mis tardes eran monótonas, y aunque trataba de mantenerme ocupada, sentía que algo me faltaba.

Un día, tras hablar con algunos de mis compañeros, decidí preguntar en el instituto sobre otras actividades deportivas que pudiera hacer mientras esperaba que empezara la temporada de natación. Me ofrecieron varias opciones, como voleibol, golf, fútbol… y luego mencionaron algo que no había oído en mi vida: «cross country». La verdad es que no tenía ni idea de qué se trataba, ya que este deporte no existe en España, al menos no con el mismo nombre, y no tenía mucho sentido para mí en ese momento.

Intrigada, me puse a investigar en internet en cuanto llegué a casa. Descubrí que cross country es un deporte que consiste en correr distancias largas, generalmente de 5 kilómetros, a través de terrenos naturales como campos, bosques o parques. Además, es una modalidad que combina tanto lo individual como lo colectivo. Cada corredor acumula puntos según el puesto en el que termine la carrera, y esos puntos se suman a los de los otros miembros del equipo. Al final, el equipo con menos puntos totales es el ganador. Aunque no entendía completamente cómo funcionaba, me pareció una idea interesante y decidí probarlo. Lo peor que podría pasar es que no me gustara y me cambiara a otro deporte, pero al menos tendría la experiencia de intentarlo.

Comencé a entrenar, y aunque al principio fue muy duro, pronto empecé a comprender lo que implicaba el deporte y cómo funcionaba. La parte más difícil fue adaptarme a correr largas distancias, algo completamente nuevo para mí. Mis piernas se sentían pesadas y a menudo dudaba de si sería capaz de seguir. Sin embargo, algo me motivaba a seguir adelante: mi equipo. A pesar de que yo era nueva y apenas llevaba unas semanas entrenando, mis compañeras me recibieron con los brazos abiertos, sin juzgarme por ser principiante. El equipo, en su mayoría, llevaba mucho tiempo corriendo, pero a pesar de la diferencia de nivel, todos se apoyaban mutuamente. Me hicieron sentir parte de algo más grande que yo misma, y eso me dio mucha fuerza para seguir entrenando, día tras día.

Cada día entrenábamos juntas, y la mayoría de sábados nos levantábamos a las cinco de la mañana para ir a las competiciones. A veces me costaba mucho levantarme tan temprano, pero al final el esfuerzo valía la pena. Poco a poco, mejoramos nuestras marcas personales y, lo más importante, nuestra cohesión como equipo. Ese trabajo en equipo nos llevó a conseguir un lugar en el podio en las competiciones regionales, logrando el cuarto puesto a nivel regional. Gracias a ese resultado, nos clasificamos para la competición estatal, un logro que nos llenó de orgullo y nos impulsó a seguir entrenando con más determinación que nunca.

Lo que no esperaba en absoluto era lo que ocurrió justo antes de la competición estatal. En los días previos a la gran carrera, sufrí una caída durante un entrenamiento y me fracturé la mano. La competición estatal no se celebraba en nuestra ciudad, así que pasamos el fin de semana en un hotel cercano. A pesar de las circunstancias, el ambiente era increíble. Los miembros del instituto nos despidieron con un desfile antes de irnos, como si fuéramos un equipo profesional, deseándonos suerte a todas (algo muy al estilo High School Musical, como en las películas). Fue una experiencia que nunca olvidaré. A pesar de las adversidades, el fin de semana fue realmente especial, y aunque no ganamos, el simple hecho de haber llegado hasta allí fue una victoria en sí misma.

Hoy en día, mirando atrás, me siento increíblemente agradecida por todo lo que aprendí durante esa temporada de cross country. Aunque fue un desafío, me demostró que, con esfuerzo, perseverancia y el apoyo de las personas que tienes a tu alrededor, puedes superar cualquier obstáculo. ¡Nunca hubiera imaginado que un deporte tan extraño al principio se convertiría en una de las mejores experiencias de mi vida!

 

– Lola Vergés.

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