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Thanksgiving con Carla.

5 de diciembre · 1 comentarios

¡Hola a todos! Mi nombre es Carla López, soy de Zaragoza, España, y ahora mismo estoy viviendo en Cloquet, Minnesota, como estudiante de intercambio. Hoy os quiero contar mi experiencia celebrando Thanksgiving (Acción de Gracias) por primera vez, una experiencia que me ha marcado muchísimo y que recordaré siempre con muchísimo cariño.

Llevaba semanas escuchando a mi familia de aquí hablar de este día: de lo importante que es, de cómo se reúne toda la familia, de las tradiciones, de las recetas y de cómo, para ellos, Thanksgiving es incluso más importante que la Navidad, así que yo estaba deseando vivirlo. Sinceramente, me hacía muchísima ilusión ver cómo era desde dentro, no sólo lo que sale en las películas.

El día empezó temprano. Me desperté con un olor increíble que venía de la cocina: especias, masa de tarta horneándose, algo dulce… Mientras terminábamos de preparar algunas cosas, nos pusimos a jugar a juegos de mesa para pasar el rato. Me encantó ver cómo todos iban llegando poco a poco, algunos con bandejas llenas de comida y otros simplemente con una sonrisa enorme porque llevaban tiempo sin verse.

La celebración ya había empezado días antes, porque aquí de verdad que cocinan muchísimo. Entre mi madre de aquí y yo preparamos varias tartas —o “pies”— y de verdad que lo disfruté un montón. Hacer la “lemon pie” fue mi parte favorita, porque mientras cocinábamos, estuvimos hablando de la diferencia entre las tradiciones americanas y españolas. Me dijo que le hacía mucha ilusión que yo viviera mi primer Thanksgiving con ellos, y eso me alegró muchísimo.

Ese día había 28 invitados en casa: familia cercana, primos, tíos, abuelos y algunos amigos que para ellos son como familia. Me sorprendió lo natural que es aquí incluir a todo el mundo, y cómo desde el primer momento te hacen sentir que formas parte del grupo. No hubo ni un solo segundo en el que me sintiera fuera de lugar.

Antes de comer llegó el momento de dar las gracias, y para mí fue uno de los momentos más bonitos del día. Todos compartieron algo por lo que estaban agradecidos: la familia, la salud, el trabajo, los niños… Y yo tuve la oportunidad de leer un texto que había preparado para darles las gracias por haberme acogido tan bien, estaba muy nerviosa no os voy a mentir, pero mientras leía vi cómo me miraban con cariño y atentamente, y eso me tranquilizó muchísimo. Varias personas incluso se emocionaron, y una tía de mi host family me dijo que era “so sweet” y que estaban muy felices de tenerme. Fue un momento súper especial.

A las tres, todos nos sentamos a comer. Probé un montón de platos nuevos: el pavo, el «stuffing», el «gravy», los «green bean casseroles»… Cosas que nunca había visto, pero que me encantaron. Había tanto que me era imposible decidir qué me gustaba más. Pero más allá de la comida, lo que más me impactó fue el ambiente: risas, conversaciones cruzadas, niños correteando, la mesa llena de platos y todos disfrutando de estar juntos.

Después de comer, seguimos con los juegos de mesa. Me enseñaron juegos que no conocía, me reí muchísimo y descubrí lo competitivos que son mis primos de aquí. Incluso jugamos a un juego de adivinar palabras, donde yo tenía que explicar conceptos en inglés, y todos se morían de risa con mis expresiones españolas traducidas literalmente. Fue un momento súper divertido.

Más tarde, cuando algunos invitados se fueron, todos los primos decidimos ir a casa de los abuelos para seguir pasando el día juntos. Y ahí empezó la mejor parte: LA NIEVE. Nada más llegar, sin decir nada, le tire una bola de nieve a mi primo y empezó una guerra de nieve automática. Me reí muchísimo intentando escapar. Después bajamos en trineo por una colina que parecía sacada de una película, y me monte con mi prima en la moto de nieve, lo cual fue súper emocionante. Estaba congelada, pero feliz.

Lo que más me sorprendió fue que, aunque era la primera vez que veía a algunos de esos primos, me trataron como si nos conociéramos desde siempre. Me enseñaron palabras nuevas en inglés, yo les enseñé algunas en español, y el ambiente era tan natural que me sentía completamente integrada.

Cuando ya era de noche y llegué a casa agotada, me quedé pensando en todo lo que había vivido ese día. Thanksgiving no es solo una comida especial: es un día que une, que conecta a las personas, que te hace parar un momento para valorar lo que tienes. Y para mí, este año, ha significado sentirme querida, acogida y parte de una familia que no es la mía de sangre, pero que ya siento como hogar.

Y para terminar, quiero dejar un consejo para los futuros estudiantes de intercambio: vivid cada experiencia con una sonrisa; sed agradecidos, respetuosos y abiertos; atreveos a probar todo lo nuevo, incluso si da un poco de miedo; y aprovechad cada segundo, porque este año es único y pasa volando. No tengáis miedo de ser vosotros mismos, de compartir vuestra cultura, de preguntar, de ayudar, de formar parte. Porque al final, eso es lo que hace que un intercambio sea inolvidable.

– Carla López.

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