15 de diciembre · 0 comentarios
Hola, me llamo Paula, tengo 15 años y soy de Bilbao. Este año decidí venirme de intercambio a Irlanda y, aunque solo llevo tres meses aquí, ya tengo muchísimas cosas que contar.
La verdad es que me lo estoy pasando genial y siento que encajo muy bien en mi familia de acogida. Con mis host parents tengo una relación muy cercana: son tranquilos, cariñosos y siempre se aseguran de que esté bien. Me encanta pasar tiempo con ellos porque me cuentan muchas cosas sobre Irlanda, su pueblo y sus tradiciones, y eso me ayuda a entender aún mejor la cultura del país.
Hemos hecho un montón de planes juntos, aunque el más habitual es reunirnos con todos los nietos —como son tantos, casi cada fin de semana celebramos algún cumpleaños—. También hemos ido al cine y algunas tardes las hemos pasado horneando juntas.

Una cosa que me ha encantado es descubrir los desayunos típicos de aquí. Mi familia me ha enseñado a preparar varios, como el clásico desayuno con salchichas y huevo revuelto, que al principio me parecía muchísimo para la mañana, pero ahora me encanta. También he probado el “porridge”, que es super típico en Irlanda. Al principio no me convencía mucho, pero mi host dad me lo prepara con fruta y miel y la verdad es que esta riquísimo.

También nos reímos mucho con las diferencias culturales. A veces digo expresiones en español que no entienden y nos quedamos todos mirando hasta que buscamos la traducción correcta. Ellos también me enseñan palabras en irlandés, y algunas me parecen imposibles de pronunciar. Estas pequeñas cosas hacen que la convivencia sea muy divertida.

Otra cosa que es muy diferente a mi vida en España es vivir en un pueblo. Yo soy una chica de ciudad, y estar aquí me ha hecho ver lo distinto que puede ser todo. Vivo en un pueblo de 600 habitantes, rodeada de vacas y de un paisaje súper verde. En mi casa de España no tengo animales, pero aquí tengo dos perros, dos pájaros y gallinas, además de un jardín enorme con un peral, un avellano y un ciruelo. Ir descubriendo el pueblo me parece súper guay: ya he ido al castillo que está aquí y también me he dado alguna vuelta por el pueblo donde está mi colegio, al que puedo ir fácilmente porque el bus de línea pasa por mi pueblo.

Sobre el colegio, que sé que era algo que me preocupaba mucho antes de venir, tengo que decir que estoy encantada. En mi caso, es un colegio público y mixto, y estoy cursando TY («Transition Year», equivalente a 4º de la ESO). Es un curso pensado para descubrir lo que te gusta, lo que se te da bien y lo que te gustaría hacer en el futuro. La mayoría de asignaturas no tienen exámenes. Hacemos un montón de excursiones, nos dan charlas muy interesantes y tenemos diferentes workshops (actividades en grupo).
Las asignaturas son muy diferentes a las que tenía en España, mucho más prácticas e interactivas. Por ejemplo, en chino aprendemos las bases del idioma y nos hablan de la cultura; en biología diseccionamos partes de una cabra o usamos los microscopios; y en “artistic performance” hacemos mímica e improvisación, aunque ahora estamos preparando un baile que presentaremos delante de todo el colegio.

Una asignatura que ni siquiera sabía que existía es “Community Assignment” o “Gaisce”. Consiste en hacer tres horas semanales en tres ámbitos distintos: actividad física, trabajo comunitario y habilidades. Yo elegí hacer: una hora de caminar, una hora paseando al perro de mi vecina y una hora horneando. Tenemos que hacer estas tres actividades durante 13 semanas y luego elegimos una de ellas para seguir con ella el resto del curso. La verdad es que esta asignatura te mantiene ocupada (sobre todo porque no tenemos deberes) y te anima a probar cosas nuevas.

Otra parte súper interesante del curso es el “Work Experience”. En mi colegio son tres semanas a lo largo del año, aunque en otros es un día a la semana. Se trata de conseguir un sitio donde hacer una especie de “prácticas” para ver cómo es el mundo laboral. No haces trabajos complicados —por ejemplo, si vas a una peluquería, como es mi caso, no vas a cortar el pelo—, pero ayudas en lo que te pidan y aprendes un montón.

Y, por último, los deportes. Me uní a los equipos de baloncesto y fútbol porque sabía que el deporte me ayudaría a hacer amigos y a integrarme más rápido en el colegio, además de que siempre me ha gustado mucho hacer deporte. Aquí también tenemos partidos, aunque este año ya estamos fuera de la liga porque somos bastante malas, pero aun así nos lo pasamos genial y nos reímos un montón en cada entrenamiento.

A nivel social me ha ayudado muchísimo: gracias al deporte he conocido a gente nueva y, sobre todo, he reforzado amistades con compañeros de clase con los que antes casi no hablaba. Es una de las cosas que más estoy disfrutando del intercambio. Además, estoy pensando en apuntarme al equipo de fútbol del pueblo. Me hace ilusión formar parte de algo más local y conocer a gente que no sea solo del colegio. Creo que es una muy buena forma de integrarme aún más en la comunidad.

El día antes de Halloween fui a una fiesta familiar en casa de una amiga que también es estudiante de intercambio. Estuvimos jugando a las cartas con su familia y me lo pasé genial, nos echamos muchas risas. Y el mismo día 31 por la mañana, mi host mum y yo decoramos calabazas. Era mi primera vez y me salió bastante bien, aunque lo de vaciar el interior fue un poco asqueroso. Más tarde preparé las bolsas de chuches que íbamos a repartir a los niños, aunque no vinieron muchos porque, como siempre, empezó a llover muchísimo.

Y ahora que ha pasado Halloween, todo se ha vuelto completamente navideño. Desde el día siguiente, en las tiendas ya no quedaba nada relacionado con Halloween: todo está lleno de adornos navideños, regalos, luces y villancicos. Me ha sorprendido lo rápido que cambian la decoración aquí. En mi pueblo ya han puesto los árboles de Navidad, las luces y hasta algunas casas están super decoradas. Da la sensación de que la Navidad empieza muchísimo antes que en España, y la verdad es que el ambiente es muy bonito y muy acogedor.
– Paula Cadarso.