28 de marzo · 0 comentarios
El año pasado viví una de las mejores experiencias de mi vida, un año que siempre recordaré durante toda la vida. Estuve estudiando 2º de bachillerato en Estados Unidos en el curso 2023/2024, viviendo con una familia de acogida maravillosa en el estado de Colorado. Definitivamente, una de las mejores cosas que podría haber hecho.

Recuerdo los primeros meses, fueron difíciles. A mí personalmente me costó adaptarme a la vida allí, a sus horarios, al instituto y a la manera que tienen de vivir; pero una vez me acostumbré, parecía que hubiera vivido allí toda la vida, estaba muy cómoda.

Entonces, mi vida entera estaba allí, había hecho mis amigas, tenía una familia… Estaba muy contenta, viviendo un sueño, pero como todos sabemos, llegó la hora de marcharse, la hora de volver a casa, después de los 10 magníficos meses que había vivido con toda aquella gente. Fue duro despedirme de aquellas personas que había querido tanto. Parecía mentira que ya fuera hora de marcharme.

Poco a poco, me fui haciendo a la idea, y cada vez me hacía más ilusión ver a toda mi familia, mis amigos, y recuperar la vida que había dejado atrás hacía un año. Pero, por otro lado, me daba pena dejar atrás todo lo que había construido en Colorado.
Mi año de intercambio terminó y volví a casa, esa casa que había dejado un año antes. Fui muy feliz cuando volví a ver a mi familia, los había echado mucho de menos.

La readaptación no fue nada complicada. Yo volví a España a finales de mayo, todo el mundo aún estaba en el instituto y trabajando, y no le dije a nadie el día en el que volvía, así que sorprendí a toda mi familia y a mis amigos. Nadie se lo esperaba, y el reencuentro con todas esas personas tan importantes para mí fue increíble.
Poco a poco volví a mi vida que había dejado unos meses atrás, y sin ninguna dificultad. La ilusión que tenían todos de volver a verme y volver a estar conmigo me hizo ver que nada había cambiado, que todos esos miedos que tenía antes de marcharme sobre la vuelta no eran reales, porque verdaderamente me sentí como si no me hubiera ido.

No tuve mucho tiempo para readaptarme, ya que enseguida me fui una semana a Portugal a hacer los exámenes de selectividad. Así que mi readaptación no empezó realmente hasta que volví de Portugal, que fue la segunda semana de junio.
Una de las cosas que me costó menos adaptarme fue el horario. En cuanto llegué, parecía que nunca me hubiera ido. Echaba de menos comer a las 2 y cenar a las 9 de la noche. Además, la cultura de la comida de España no tiene nada que ver con la de Estados Unidos, y es una de las cosas que más había echado de menos. Recuerdo perfectamente, lo contenta que estaba cuando pude volver a comer en casa de la abuela, sus macarrones y guisos buenísimos.

Mis amigas estaban muy, muy contentas de que volviera a estar con ellas, me habían echado de menos, y me lo demostraron. Antes de irme ya me hicieron una fiesta sorpresa de despedida, y cuando volví, la sorpresa se la hice yo. Fueron unos momentos muy buenos. Quedamos un par de veces y parecía que nunca me hubiera ido, no tuve ningún problema con ese aspecto. Además, a finales de junio decidimos ir a pasar San Juan a Menorca, y fue un punto de reunión con todas aquellas que habían sido mis amigas antes de irme a Estados Unidos, y que había echado tanto de menos.

Una cosa que me costó adaptarme fue la manera de vestir. Allí en América solo miraban por la comodidad, casi nadie llevaba nunca vaqueros, y aquí la gente va mucho más arreglada. Así que, aunque parezca curioso, dejar los chándales atrás y volver a la ropa no tan cómoda me costó unos días.
Ya para acabar, debo decir que echo mucho de menos a mi familia americana y toda la gente que conocí allí, pero sé que nuestra relación no terminó allí. De hecho, ya tengo dos amigas americanas que han venido a verme, y este verano vendrá mi familia americana, así que no me preocupo por perder el contacto, porque sé que quien realmente es importante, siempre estará conmigo.

Y respecto a la readaptación, eso sí que no debe ser ninguna preocupación, porque, como ya he dicho muchas veces, al cabo de un par de semanas parecía que nunca me hubiera ido, y todo el mundo me recibió y me acogió con los brazos abiertos y feliz de volver a estar conmigo.
Para mí, todo lo que conlleva el año de intercambio ha sido un aprendizaje brutal, he tenido que gestionar todas esas emociones y miedos que se tienen, y poco a poco lo he ido superando todo sin ningún problema.

Este año de intercambio ha tenido un impacto enorme sobre mí, he crecido y madurado mucho, no soy la misma chica que se fue en 2023. Cuando vives una experiencia así, es cuando realmente te das cuenta de la suerte que tienes, y lo valoras mucho más.
Aprendí a tomar mis propias decisiones, a entender que no siempre salen las cosas esperamos, y que no pasa nada, tarde o temprano, todo vuelve a su sitio. Además, todo pasa por alguna razón, aunque en el momento no lo parezca, y aquellos momentos en los que parece que se acaba el mundo, al final son la vía que tienes para salir adelante más fuerte.

Siempre voy a recordar este año como mi mayor aprendizaje hasta la fecha, y cuando me pregunten solo puedo hablar maravillas de él. Realmente he sido muy afortunada de tener esta gran oportunidad, y estaré eternamente agradecida a todos aquellos que lo han hecho posible.
Si me preguntan si ha valido la pena, siempre diré que sí, lo volvería a hacer mil veces.
– Alba Codony.