1 de agosto · 0 comentarios
Me llamo Sofía y he estado 1 mes en el programa de Total Immersion de Costa Este.
Cuando decidí embarcarme en esta aventura hacia Estados Unidos, pensé que lo más impactante serían los paisajes, los rascacielos o los lugares turísticos. Pero lo que realmente marcó mi experiencia fue todo lo que aprendí fuera de las aulas: la cultura, los retos, y sobre todo, las personas increíbles que conocí. Viví con dos familias anfitrionas diferentes, lo que me permitió ver distintas formas de vida, adaptarme a ambientes nuevos y entender que cada hogar tiene su propio ritmo y corazón. Este viaje me transformó de muchas maneras y me enseñó lecciones que no se aprenden en libros ni en clases. En este blog quiero compartir los aprendizajes más valiosos que me llevo conmigo para siempre.
Vivir en otro país no es tan sencillo como parece. Desde el idioma hasta adaptarse a nuevas costumbres, todo fue un desafío al principio. Pero cada pequeña incomodidad me enseñó a confiar más en mí, a tomar decisiones por mi cuenta y a disfrutar del cambio como parte del aprendizaje.
Tuve la suerte de convivir con dos familias anfitrionas que me acogieron con los brazos abiertos. Cada una a su manera me hizo sentir bienvenida. Compartí comidas, momentos cotidianos, tradiciones y muchas conversaciones que me ayudaron no solo a mejorar mi inglés, sino también a entender mejor cómo viven otras personas. Me demostraron que la generosidad y el cariño pueden surgir en cualquier parte del mundo, incluso entre personas que no se conocían de nada.
Aprendí a organizarme, a respetar espacios, horarios y rutinas que no eran las mías, a adaptarme a una casa que no era mi hogar y hacerla sentir como tal. Pero también entendí que ser independiente no significa hacerlo todo sola. Pedir ayuda, hablar cuando algo no va bien, comunicar lo que siento… todo eso también forma parte de crecer.
Y quizá lo más importante: me llevo a las personas. Las amistades que hice aquí no fueron casualidad. Nos unieron las risas, los nervios, los descubrimientos y también los momentos difíciles. Con ellas aprendí a mirar con otros ojos, a hablar sin miedo y a valorar cada pequeño momento. Me hicieron sentir acompañada incluso cuando todo era nuevo. Ellas, sin duda, son lo mejor de este viaje.
Este viaje fue mucho más que una experiencia académica; fue una lección de vida. Me voy con el corazón lleno, sabiendo que crecí como persona, que me atreví a vivir algo diferente y que ahora tengo una segunda casa al otro lado del mundo. Me llevo aprendizajes que no se olvidan, amistades que cruzan fronteras y una gratitud enorme por todo lo vivido. Sin duda, esto es solo el comienzo.