14 de julio · 0 comentarios
La mañana del 3 de julio no sería como cualquier otra. Por fin, tras semanas y meses de espera pondríamos rumbo a Toronto, daríamos el pistoletazo de salida a una experiencia transformadora e inolvidable. A medida que el sol se elevaba, también lo hacían los nervios de nuestros interwayers. Por delante, tres semanas de crecimiento personal plagadas de nuevas experiencias, nuevas amistades y un sin fin de anécdotas que nunca olvidarán.

Tras decir adiós a sus familiares, empezaba la aventura: las primeras conversaciones, las primeras confidencias, las primeras risas. Para cuando llegamos a la puerta de embarque algunos ya parecía que se conociesen de toda la vida y no solo un par de horas. La magia de los programas de verano comenzaba a contagiar a todos y cada uno de ellos.
Ya en la aeronave, el vuelo transcurrió sin ningún sobresalto y, en general, el tiempo se nos pasó volando viendo películas, hablando con nuestros compañeros, jugando a videojuegos, durmiendo o comiendo.
Aterrizamos en Toronto y ya pudieron conocer de primera mano las dimensiones de esta gran urbe pues algunos necesitaron más de una hora para llegar a casa. El día finalizó cenando por primera vez con las familias de acogida, conociéndolos y empezando a sumergirse en la cultura a través de su lengua y su gastronomía.

Una vez superado el primer fin de semana habiendo visitado nada más y nada menos que las impresionantes cataratas del Niágara, iniciamos la semana de clases ante la atenta mirada de nuestros interwayers, expectantes de saber dónde y con quien les tocaría en clase. Después de una charla inicial por parte de la vicepresidenta, Donna Daly, acerca de las reglas y el desarrollo del programa, se dirigieron a sus respectivas aulas e inauguraron las lecciones.
Una semana vibrante y enérgica en la que han saboreado de primera mano la cultura canadiense y se han sumergido completamente en el ritmo torontiano.

No podíamos despedir esta entrada al blog sin saber de primera mano qué están sintiendo nuestros interwayers, cómo están viviendo esta primera semana y cuáles han sido sus primeras impresiones. Por ello, a continuación, aparecen dos testimonios de nuestros estudiantes Andrea y Joel.
Andrea:
“El primer día llegamos al aeropuerto con muchos nervios pero nos hicimos amigos y empezamos a hablar entre nosotros como si nos conociéramos de siempre. El vuelo se nos pasó volando, pensando en cómo iba a ser el viaje y como iban a ser nuestras familias.
Hasta ahora hemos ido a las cataratas del Niágara, al museo, a la CN Tower y a la Toronto Island, entre otras muchas actividades. Para las clases, nos separaron con gente de otros países con las que ahora también nos llevamos bien y aprendes un poco de otras culturas además de la canadiense. Ha sido una primera semana muy divertida y esperamos que el resto del viaje también lo sea”.
Joel:
“Cuando llegué al aeropuerto de Madrid empecé a hablar con gente que iba al mismo lugar que yo e hicimos amistad. Además, en el avión también pude hablar con más gente. Cuando aterrizamos, cogí un taxi para ir a la casa de acogida. Allí conocí a mi host mom, quien me dio una muy buena bienvenida, me enseñó mi habitación, el baño, donde estaba la lavadora, etc.
Al día siguiente, para ir a clase, tuve que coger el autobús y el metro, pero fue fácil a pesar de que nunca lo había hecho antes. Allí nos explicaron cómo serían esos días y las normas que debíamos seguir.
Los días siguientes fuimos a clase e hicimos diferentes actividades muy divertidas. Ha sido una primera semana muy chula, espero que de ahora en adelante sea igual”.
