9 de julio · 0 comentarios
Me llamo Olga y estoy pasando el verano en St. Louis, en el estado de Missouri en EE.UU.
Las emociones me invadieron en el momento en que me dijeron que iba a pasar un mes en Estados Unidos. Uno de mis sueños se había cumplido, y no podía estar más feliz. Sabía que iba a ser una experiencia inolvidable, sobre todo porque el año pasado ya había tenido la oportunidad de viajar a otra parte de América, pero esta vez presentía que todo iba a ser muy diferente, más intenso, más especial.
El momento de conocer a la familia se acercaba, y por fin me encontré con ellos. Durante las tres primeras noches me tocó dormir en un hotel, ya que tuve la oportunidad de presenciar partidos de béisbol en los que jugaba el hermano de la familia. También pudimos jugar al golf e ir de compras a un centro comercial enorme.

Una vez pasados esos días, tocaba llegar a casa. Allí me esperaba su hermana, con mucha ilusión, ya que llevábamos hablando por Snapchat desde que me asignaron la familia. Durante ese tiempo conocí a algunas de sus amigas, además de acompañarla a su trabajo y salir con ellos a jugar una especie de tenis.

Tras esos días, nos tocaba irnos de vacaciones. Es muy diferente a España, ya que los trayectos son más largos y el paisaje estaba lleno de verde. Allí hicimos actividades como tubing, que consiste en ir en un hinchable por el lago, y también kayak. Por la tarde solíamos dar una vuelta por la zona en unos mini tractores que tenían, además de visitar algunas tiendas de alrededor.
El 4 de julio pasamos toda la mañana en el río tomando el sol y comiendo por ahí. Para ese día llegaron unos amigos de la familia, con los cuales lo pasamos muy bien. Al llegar la tarde, fuimos al lugar donde lanzarían los fuegos artificiales. Allí había una gran cantidad de actividades, como un espectáculo de cabras, un mini concierto de música country y, mientras esperábamos los fuegos (y después de ellos), una gran pista de baile donde tuve la oportunidad de demostrar mi gran talento para ello (jajaja).


Una vez pasados esos días en las afueras, tocaba volver a casa, pero lo hacía con una gran cantidad de recuerdos y experiencias inolvidables. Me llevaba muchos lazos estrechados, momentos especiales y unas enormes ganas de comenzar una nueva semana llena de nuevas aventuras. Sin duda, este viaje ya está dejando una huella muy bonita en mí.