2 de julio · 0 comentarios
Después de muchas horas de avión, recoger maletas en perfecto estado (¡menos mal!) y muchas horas de autobús llegamos a lo que será nuestro hogar durante este mes de julio, el estado de Nueva York. Es ahí donde se dieron los primeros abrazos y los primeros encuentros. Y aunque las primeras horas fueron para descansar, los días siguientes estuvieron llenos de primeras veces.

Los días siguientes a la llegada sirvieron para conocer un poco más a las familias de acogida, para hacer planes y tener las primeras conversaciones. Diana, una de las interwayers, nos cuenta: “Mi host family es numerosa y bastante alocada. Tienen cinco hijos, cuatro niñas y un niño con edades de 14, 13, 11, 10 y 3. Como es de esperar hay locuras y tonterías por doquier, pero te acogen como a una más. En estos días hemos ido a recoger fresas, ir de compras y de excursión con las demás familias”. Clara dice, por otro lado: “En mi familia son 4 niñas, un chico de 15 años y una de 19. Tienen un jardín con una cama elástica y una piscina hinchable. Además, les gusta jugar a juegos de mesa y ver películas juntos”.

Situados alrededor de Cobleskill, cerca de la capital del estado de Nueva York, Albany, nuestros interwayers viven en un entorno de un verde que brilla por si solo. Es por ello que algunos viven en grandes granjas, lo que no ha dejado de asombrarles. Eso es lo que cuentan Sara y Pia, que viven con una gran familia y 60 vacas: “Vivir en una granja es tranquilo y bonito, todo es más lento y natural”. Aunque también las actividades son de un toque rural al que la mayoría no están acostumbrados, como puede ser ir a recoger fresas en medio del campo. Miguel y Jorge O. recogieron tantas que les dio para hacer “una macedonia y varios batidos de fresa”.

Habiendo empezado a experimentar la vida en la zona, los primeros días también han dado para hacer las primeras actividades y excursiones en grupo. Primero pudimos encontrarnos en una fiesta de bienvenida en la casa de la coordinadora local, Natasha, quien preparó perritos calientes para todos. Sin embargo, todas las familias participaron, haciendo de las mesas un buffet libre. Pocos días después pudimos disfrutar de una ruta por el bosque que nos permitió alcanzar la cima de donde había buenas vistas. Pero como lo mejor se suele dejar para el final, las cascadas de Bouck fueron la guinda del pastel. Allí familias e interwayers pudieron refrescarse, darse masajes con el agua de la cascada y saltar al agua una y otra vez.

Día a día, la experiencia permitirá crear relaciones y recuerdos duraderos, teniendo Nueva York de fondo. Estos son solo los primeros días y sus primeras veces, pero todavía queda mucho por contar. Mientras tanto seguiremos informando y ¡disfrutando del viaje!
