21 de julio · 0 comentarios
Después de tres intensas semanas en Victorville, California, es hora de echar la vista atrás y reflexionar sobre esta experiencia tan especial. Parece que fue ayer cuando llegaron con mucha ilusión, nervios y un montón de preguntas sin responder. ¿Cómo serán las familias? ¿Mi inglés será lo suficientemente bueno? ¿Me adaptaré? Hoy, al mirar atrás, solo puedo decir que ha sido una experiencia enriquecedora para todos nosotros y que me siento muy emocionada de haber sido parte de ella.

Como monitora de este grupo de estudiantes, he tenido el privilegio de acompañarlos no solo en sus visitas a lugares emblemáticos como Disneyland, Universal Estudios, Hollywood, Beverly Hills o San Diego, sino también en su crecimiento personal. Al llegar, muchos de ellos estaban llenos de expectativas, nervios e ilusión. Poco a poco, los vi adaptarse a nuevas costumbres, enfrentarse al reto de comunicarse en otro idioma y, lo más importante, abrirse al intercambio cultural con curiosidad y respeto. A día de hoy, hay mucha cohesión de grupo y estoy segura de que no van a olvidar nunca esta experiencia. Es cierto que no todo ha sido fácil; el choque cultural ha estado presente y a veces la nostalgia, el tener que adaptarse a hacer las cosas diferente o la incertidumbre han sido parte del proceso.



Esta experiencia también me ha tocado personalmente. Yo misma fui estudiante de intercambio hace años en San Clemente, no muy lejos de aquí. Tenía 15 años, como muchos de los chicos y chicas que me han acompañado. Verlos transformarse, descubrir, equivocarse y reír ha sido un recordatorio de lo poderosa que puede ser una experiencia internacional a esta edad. No solo han mejorado su inglés, si no también han adquirido empatía, independencia y apertura. De corazón, espero que algunos de ellos se animen algún día a dar el paso y hacer un año académico completo en el extranjero. Estoy convencida de que muchos tienen la madurez, la valentía y la curiosidad necesarias para aprovecharlo al máximo. Esta pequeña muestra de lo que es vivir en otro país puede ser solo el comienzo de un camino lleno de experiencias internacionales, amistades inesperadas y descubrimientos personales que dejan marca para siempre.

Ser estudiante de intercambio te transforma —lo sé por experiencia propia. Aquel año académico que viví en Estados Unidos, me marcó profundamente. Y hoy, tantos años después, sigo recordando con una sonrisa cada descubrimiento, cada reto superado, y cada vínculo que se formó en el camino. Por eso, al ver a estos chicos y chicas hoy, no puedo evitar verme reflejada en ellos.