22 de julio · 0 comentarios
Dicen que lo bueno pasa rápido, y la última semana de la primera quincena de julio en Cork, ha sido la prueba de ello. Cuesta creer que ya estemos cerrando esta experiencia que ha sido tan intensa como inolvidable. Lo que empezó con nervios y mochilas cargadas de dudas, termina con risas, abrazos, y una sensación compartida de haber vivido algo que nos va a acompañar siempre.

Estos últimos días han seguido llenos de planes, clases y actividades. Por las mañanas, las clases de inglés continuaron con normalidad, y aunque algunos alumnos tuvieron que cambiar de edificio porque llegaron más grupos internacionales, se adaptaron genial, y fue una oportunidad más para conocer a estudiantes de otros países. De hecho, esta semana han coincidido con serbios, el ambiente ha sido súper positivo.

Entre las actividades destacadas, uno de los momentos más sorprendentes fue la excursión a la antigua cárcel de Cork. A todos les encantó. La guía lo explicó todo de forma clara y divertida, y consiguió que los chicos estuvieran atentos todo el rato. ¡Fue mucho más interesante de lo que esperaban! También tuvimos una excursión preciosa a Cobh, donde paseamos libremente por el pueblo y aprovechamos para hacer fotos, comprar recuerdos y simplemente disfrutar.


Por las noches seguimos con el ritmo habitual: hubo bingo musical, partidos de fútbol, manualidades y una última discoteca donde, como siempre, lo dieron todo bailando. También celebramos una entrega de diplomas muy especial, con premios divertidos y personalizados para cada uno. Fue un momento de muchas risas, algo de emoción… y muchísima complicidad.
Aunque esta semana ha sido más tranquila, también ha estado llena de pequeños momentos especiales: conversaciones en el comedor, confidencias en los ratos libres, canciones que ya son banda sonora del viaje y abrazos que dicen más que mil palabras.
Y así, casi sin darnos cuenta, hemos llegado al final. Nos vamos con la maleta un poco más llena (de recuerdos y de alguna que otra compra), con nuevas amistades que esperamos conservar y con la sensación de haber vivido algo que nos ha cambiado un poquito por dentro.
Cork nos ha enseñado mucho más que inglés. Nos ha enseñado a convivir, a confiar, a disfrutar de lo sencillo y a valorar lo que significa sentirse parte de un grupo.
Nos despedimos con el corazón contento… y con muchas ganas de repetir.
