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15/9/2019 – School Experience – NYC, here we go!

18 de septiembre · 0 comentarios

¡Hola, Interwayers!:

Ayer estuvimos en Nueva York. ¡En Nueva York! ¡La gran manzana! Nos hizo mucho calor —en realidad solo estábamos 82º F, unos 27º C, pero con la humedad parecía mucho más—, aunque nadie se quejó porque pudimos disfrutar de un día de sol espectacular en la ciudad.

Llegamos medio dormidos sobre las 9 de la mañana, y en cuanto vimos el skyline de Manhattan nos espabilamos. Los rascacielos neoyorquinos no decepcionan, todo lo contrario: son apabullantes. Pero no nos metimos de lleno en la vorágine neoyorquina, el autobús nos dejó primero en Central Park. Allí nos dimos un paseo y vimos algunos de los lugares más emblemáticos del famoso parque, como la estatua del entrañable perro Balto.

De allí fuimos a la 5ª Avenida, la calle central de Manhattan, pasamos por muchas tiendas de lujo, como Versace, Luis Vuitton y, por supuesto, Tiffany’s. Además, pasamos por delante de la Trump Tower. Tuvimos unos minutos para echar fotos y después nos dirigimos al Rockefeller centre, un rascacielos de 67 plantas al que subimos para disfrutar de unas vistas de la ciudad que nos dejaron con la boca abierta.

Después tuvimos dos horas para comer. Los chicos se dispersaron para buscar un sitio en el que comer algo. Muchos de ellos optaron por el plato más tradicional en Nueva York: la pizza.

Y después de comer, llegaba el plato fuerte: Times Square, la mítica plaza —que en realidad no es una plaza— donde celebran los neoyorquinos el año nuevo y el centro neurálgico de la ciudad, muy reconocible gracias a sus inmensas pantallas que adornan las fachadas de todos los edificios y convierten esta zona de gran manzana en una apabullante ensalada de estímulos visuales.

Ni que decir tiene que no éramos los únicos a los que se les había ocurrido pasarse a echar el rato por allí. Times Square es, con diferencia el sitio más abarrotado de Nueva York, a cualquier hora del día y de la noche. Había gente de Hong Kong protestando, hare krishnas, gente disfrazada de superhéroe, zancudos, turistas para llenar un tren, vendedores ambulantes, de todo…

Fueron solo unas seis horas, pero pudimos llevarnos una muestra de lo que es esta ciudad y del ritmo frenético que la envuelve. Solo cuando nos íbamos, ya empezando a caer el sol, la luz cambió, bajó la temperatura y las luces de la ciudad empezaron a encenderse. Entonces, con todo el dolor de nuestro corazón, llegó la hora de marcharnos, justo cuando despertaba la ciudad que nunca duerme.

Creo que todos pensamos lo mismo cuando nos subimos de nuevo al autobús que nos recogió en un lateral del parque Bryant: tengo que volver aquí.

Unas horas en Nueva York no dan para mucho, pero lo aprovechamos bien. Hicimos fotos chulas, compramos nuestros souvenirs y captamos los sonidos, los olores y las sensaciones que emana la ciudad. Justo lo opuesto a la comunidad rural de la que venimos. Fue un auténtico baño de multitudes y una breve inmersión en una de las urbes más concurridas y cosmopolitas el planeta.

Ha sido un shock. Pero no nos podemos quedar paralizados, al día siguiente hay colegio y empezamos ya la última semana de clase y aún nos quedan algunos eventos señalados.

Stay tuned!

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