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Montse: Historia de una pionera

21 de octubre · 0 comentarios

Hoy en InterWay queremos contaros una historia motivadora y muy especial, la de nuestra compañera Montse.

Una historia impensable en 1960

 Era el año 1959 y yo estudiaba el sexto de bachillerato en una escuela pública de Manresa (Barcelona).  Siempre me había gustado escribir cartas y leer en mi tiempo libre, quizás porque no había mucho más.

 Un día, en la clase de inglés – solamente éramos 6 alumnos – nuestro profesor nos sugirió la idea del “pen pal” y yo, naturalmente, me apunté.  La elegida fue una niña cuyo padre era profesor de español en la Universidad de Gettysburg.  A los pocos meses, me escribió para decirme que se trasladaban a España para que su padre pudiera hacer el doctorado.  Nos conocimos en persona, hubo buena conexión y, por aquellas circunstancias desconocidas del destino, me invitaron a pasar un año con ellos. Fue un shock en una época muy humilde, de postguerra, y con pocos alicientes.  Aún hoy en día, y para mi total desconcierto, mis padres aceptaron la invitación.

 Así pues, yo solita, con sólo 15 años y mis largas trenzas, cogí el tren en la estación de Francia de Barcelona hasta Cannes.  Mi equipaje era una maleta, un bolso de mano y una guitarra que no sabía tocar.  En Cannes, cogí el transbordador para embarcar en el Constitution.  Un enorme transatlántico y primo hermano del Titanic para una travesía que duró 15 días. 

 Llegué  a Nueva York totalmente hipnotizada y llorando mucho también.

 La siguiente etapa fue mi integración en un entorno totalmente desconocido y sobre el cual no tenía ninguna idea, empezando por el inglés cuyo vocabulario se reducía al típico “Good morning”.  ¡Fue como si el tiempo hubiese avanzado 50 años de golpe!

 Poco a poco, yo también iba progresando en todos los aspectos, sobretodo cómo lidiar con el idioma traduciendo palabra por palabra los deberes de la escuela gracias a un pequeño diccionario que todavía conservo.  Uno de los días más exultantes fue la primera frase completa que entendí: “I am going to brush my teeth”.  A partir de ese momento ya todo fue más fácil.

En ese pueblo de Gettysburg, el expresidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower tenía su segunda vivienda para disfrutarla en sus momentos libres.  Es costumbre que los High Schools inviten a personajes relevantes para dar charlas de vez en cuando y aquel año, 1961, me añadieron a mí para hablar de mi experiencia como única estudiante extranjera. Cuando finalizamos, el Presidente tuvo curiosidad por saber por qué no me quedaba otro año para poder graduarme.  Le expliqué las razones y, para mi sorpresa, a los poco días me llamó invitándome a quedarme otro año en su casa.  ¡Otro shock totalmente distinto esta vez!  ¡Claro que acepté!

Con su familia, viajamos a California, Washington, Florida y muchísimos otros lugares y tuve ocasión de conocer a distintas personalidades que enriquecieron mi manera de pensar.

Y llegó el momento de regresar convertida ya en una joven mujer adulta de 17 años, muy satisfecha de mis logros y con otros retos distintos que afrontar.

 Empecé a trabajar inmediatamente y siempre con empresas americanas para conservar el vínculo con el país que me ayudó tanto a forjar mi futuro.

 Cuando me casé, el gusanillo de innovar me empujó a seguir adelante con el inglés y abrí mi escuela alentando también a los estudiantes a explorar nuevos horizontes.

 Con el tiempo,  David Eisenhower, nieto del Presidente Eisenhower se casó con Julie Nixon, hija del recién elegido Presidente Richard Nixon y fui la única europea invitada a la boda.

 Más tarde, tuve la inmensa suerte de conocer a Interway y coincidir en la importancia que representa para los jóvenes ese tipo de experiencia.  Es un hilo del que vas tirando y que te lleva a afrontar situaciones que nunca hubieras imaginado.  Una de mis hijas, Jessica, siguió mis pasos y ya hace 20 años que vive en los Estados Unidos.  Mi otra hija, Jennifer, está casada con un australiano que conoció en Canadá y lleva exitosamente todo el peso de la escuela.   ¡Una familia internacional!

 Hurgando en los recuerdos, os diría que pasé momentos muy difíciles.  Recordad que no había redes sociales ni móviles y que una carta podía tardar un mes en llegar por lo que cualquier problema podía eternizarse si no se tenía suficiente habilidad.  I aquí es cuándo aprendí y entendí lo que significaba mi integración en un país que no era el mío. 

 Hay muchísimas más vicisitudes que podrían extenderse hasta formar un libro pero creo que lo más importante es pensar que sois jóvenes, tenéis toda una vida por delante y todas las herramientas para sentiros protegidos hasta el más mínimo detalle.

Disfrutad y aprovechad vuestro tiempo, porque el tiempo no vuelve, y luego solamente nos queda el arrepentimiento de no haberlo utilizado correctamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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